El final del Camino: Reflexiones de una peregrina
Llegar a Santiago no es solamente alcanzar el final de un Camino. Después de diez etapas, de casi 260 kilómetros recorridos, de haber atravesado dos países, numerosos pueblos, paisajes diferentes, bosques, iglesias, puentes...la llegada a Santiago de Compostela se convierte en un momento especial.
Allí termina nuestro recorrido, sí, pero también comienza una mirada hacia atrás. Hacia aquel primer día en Oporto, cuando todavía quedaban por delante cientos de kilómetros. Cada etapa ha tenido su propia dificultad, su paisaje y sus pequeños descubrimientos. Pero el Camino también está hecho de momentos sencillos: una conversación mientras se camina, el saludo de otro peregrino, el descanso después de una subida o esos silencios en los que cada uno camina acompañado de sus propios pensamientos.
Y quizá por eso, cuando finalmente llegamos a Santiago, descubrimos que el verdadero final no está en la Praza do Obradoiro ni en la Catedral. El Camino continúa de alguna manera dentro de nosotros. Lo que queda son los recuerdos, las personas con las que conectamos, los lugares que descubrimos y esa sensación difícil de explicar que aparece cuando uno se da cuenta de que ha llegado hasta donde se propuso llegar.
El Camino termina en Santiago, pero la experiencia permanece.
Y después de recorrerlo, solo queda mirar atrás, agradecer cada paso y preguntarse cuál será el próximo camino.
¡Ultreia et suseia!
LG

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